Mientras el empleo asalariado formal en el sector privado se mantiene prácticamente sin cambios respecto a enero de 2012, la cantidad de monotributistas creció cerca del 70%.

Según datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial de la Secretaría de Trabajo, basados en el SIPA (ARCA), a principios de 2012 había 6.105.953 trabajadores asalariados registrados en el sector privado, cifra que marca el inicio de la serie estadística seguida mensualmente por la cartera laboral.
Catorce años y medio después, en junio de 2026, el número se ubicó en 6.095.800, lo que representa una disminución de 10.153 puestos en empleos formales, manteniendo así un nivel prácticamente estable en ese período.
En contraste, entre los trabajadores independientes registrados como monotributistas, la evolución fue muy diferente. En enero de 2012 había 1.314.711 monotributistas, mientras que en junio de este año la cifra alcanzó 2.206.800, lo que implica un aumento de 892.089 personas, equivalente a un crecimiento del 67,8%. Este dato incluye únicamente a monotributistas “puros”, excluyendo a empleados con recibo de sueldo que además facturan por cuenta propia.
Este contraste se observa en un contexto que atravesó distintas etapas de expansión y caída económica, con años de crecimiento y retrocesos del empleo privado, el impacto de la pandemia y su posterior recuperación. No obstante, al comparar el inicio y el fin de la serie, el empleo asalariado privado prácticamente no mostró cambios significativos.
Luis Campos, investigador y coordinador del Observatorio del Derecho Social del Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA Autónoma, explicó a Clarín que el estancamiento del empleo formal privado está vinculado al desempeño económico del mismo período.
“Lo que se observa es un estancamiento muy fuerte del empleo formal en el sector privado”, señaló. Según su análisis, tras un leve crecimiento entre 2012 y 2015, el empleo experimentó distintas fases de caída y recuperación, sin alterar la tendencia general.
Campos afirmó que este comportamiento no resulta inesperado, dado que la economía argentina también atraviesa años de estancamiento. En paralelo, la población económicamente activa continúa creciendo, incorporando nuevos trabajadores al mercado cada año.
“Si el mercado formal no demanda puestos de trabajo, los trabajadores, en términos agregados, van a buscar otras alternativas”, explicó. Allí ubica parte de la explicación del aumento del trabajo por cuenta propia, tanto entre los monotributistas registrados como entre quienes trabajan de manera informal.
El fenómeno también fue analizado por la consultora CP, que advierte sobre una pérdida sostenida de empleo formal. En un informe publicado en julio, la firma señaló que el sector privado registrado acumulaba entonces 11 meses consecutivos de descenso, y destacó que la dinámica actual se asemeja más a un ajuste generalizado que a un proceso de transformación donde nuevos sectores reemplazan a otros.
Uno de los puntos que resalta el informe es que la reducción de puestos registrados no responde únicamente al cierre de empresas, sino que también existe una reducción de plantas activas en compañías que permanecen operativas. Además, la creación de nuevas empresas se mantiene en niveles similares a los registrados durante la crisis de 2001-2002.
El crecimiento del monotributo se configura como una de las vías a través de las cuales una parte de los trabajadores se inserta en el mercado laboral ante la falta de oportunidades en el empleo asalariado formal.
Este dato no implica que todos los nuevos monotributistas provengan de empleos registrados perdidos, ya que la categoría comprende diversas situaciones: personas que inician actividades independientes, profesionales, pequeños emprendedores y quienes migran desde otras formas de trabajo.
Sin embargo, la evolución de los últimos 14 años evidencia que mientras el empleo asalariado privado formal se mantuvo casi sin variaciones, el trabajo independiente registrado bajo la figura del monotributo sumó cerca de 900.000 personas.
Campos considera que esta modalidad debe interpretarse dentro de un mercado laboral incapaz de generar suficientes puestos asalariados formales para absorber el aumento constante de la población que busca empleo. En este sentido, refleja un cambio en la forma en que una parte de los argentinos se inserta laboralmente.
Los datos más recientes, correspondientes a mayo de 2026, dejan en evidencia dos realidades contrastantes: el empleo asalariado privado registrado se mantiene en niveles similares a los de comienzos de 2012, mientras que los monotributistas aumentaron casi un 70%. Más que un fenómeno puntual, esta diferencia ilustra cómo cambió la composición del trabajo registrado en Argentina a lo largo de los últimos 14 años.
Los mismos datos oficiales muestran además la reconfiguración de otras modalidades laborales. El empleo público creció un 33% desde enero de 2012, pasando de 2,5 millones a 3,3 millones de trabajadores; el trabajo en casas particulares aumentó un 15%, hasta 443 mil personas; por su parte, los autónomos registraron una caída del 5%, ubicándose en 388 mil.
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